A veces no eres tu quien adopta un gatito, es él quien te adopta a ti.
Era la navidad de 2012 y mi vecina quería una gatita para su niña y yo, feliz con esa idea, me ofrecí a ir al refugio de mascotas a buscarle una según las características del pelaje que ella prefería.
Llegué al refugio y unos niños traían una cajita con 6 gatitos de diferentes colores, todos hermosos con sus huellitas rosadas y su maullido de gatitos bebes. Escogí una de color champang (mi vecina quería una blanca pero no había).
Al llegar a casa me pidió que se la entrenara con el uso de la caja y cuando ya estuvo entrenada... ella cambió de opinión y no la quiso.
¡Oh WOW!
Ya teníamos en casa a Aisha Francisca, una gata de angora mestiza elegante, de pelaje largo y blanco, ¡un peluche! como le decía yo. Por lo pequeño de mi apartamento una gata y dos hijos ya era suficiente.
Mientras le buscaba un dueño la empezamos a llamar Mini, porque era realmente una mini gatita y Aisha ya no se mostraba celosa, empezaba a asumirse como una hermana mayor.
Los días pasaban y yo no le encontraba un hogar a Mini. Mis vecinos son mas de perritos, mis amigos y familia ya tenían sus propias mascotas. ¿Qué hacer con Mini? ya no tenía corazón para devolverla al refugio y menos en Navidad.
Se fue quedando y quedando y así me convertí en la mamá humana de Mini María.